Ha transcurrido un mes desde que el doble terremoto golpeó a Venezuela, dejando a Caracas y La Guaira como las zonas más devastadas. Con un balance de daños que sigue en aumento, el país deja atrás la fase de socorro para adentrarse en una nueva etapa: la asistencia y recuperación temprana.
«Esta etapa en la que vamos entrando puede durar de dos a tres meses. Se trata de que las personas que sobrevivieron a los sismos, recuperen el acceso a lo básico para cubrir sus necesidades inmediatas», advierte la nutricionista especializada en seguridad alimentaria, emergencia humanitaria y riesgos de desastre, Susana Raffalli. Su voz, una de las más respetadas a nivel internacional, asoma un panorama de procesos y empatía colectiva.
Pero, ¿qué significa exactamente cubrir las necesidades básicas? Según detalla Raffalli, lo inmediato va mucho más allá de la supervivencia. La lista incluye desde la instalación de campamentos temporales y la garantía de alimentos preparados, hasta los servicios médicos. Sin embargo, la experta hace hincapié en que la recuperación también es brindar apoyo psicológico a los sobrevivientes y reactivar el entorno urbano, es decir la vialidad, el transporte público y la economía local.
¿A quiénes atender primero?
Si bien en los refugios y campamentos habilitados convive una amplia población en situación de riesgo, el impacto del desastre no afecta a todos por igual.
«Debe priorizarse a los niños menores de dos años, las adolescentes, las mujeres embarazadas y lactantes, los adultos mayores y quienes se encuentren en situación de dependencia», destaca Raffalli.
Por otro lado, existe un grupo que requiere una atención con enfoque distinto: aquellas familias que, aunque perdieron todos sus bienes materiales, conservan su vivienda en pie, aun cuando esta presente daños estructurales o requiera reparaciones menores.
Nutrición con propósito y protección infantil
Para garantizar que la ayuda sea efectiva, «la entrega de insumos debe hacerse de acuerdo al momento en el que estamos», señala la especialista. En esta fase, explica que sigue siendo prioritaria la donación de alimentos no perecederos que permitan cocinar, priorizando aquellos con alto valor nutricional, ricos en fibra, hierro y proteínas (atún, sardinas, pollo o enlatados o huevos). Asimismo, para quienes logran retornar a sus viviendas pero carecen de medios para empezar de cero, lo ideal es la entrega de una canasta básica completa.
En contraparte, Raffalli hace una advertencia sobre lo que no se debe enviar: alimentos ultraprocesados, chucherías y productos con alto contenido de sodio y azúcar que no aportan ningún valor nutricional a los afectados.
Además, Susana advierte que existe un cuidado extremo con la alimentación de los bebés menores de seis meses. La prioridad absoluta debe ser mantener la lactancia materna. De no ser posible, el uso de fórmula infantil se canaliza únicamente bajo la supervisión de una autoridad encargada, tras una evaluación previa a la madre y garantizando estrictas condiciones sanitarias. Como última opción, de no contar con las alternativas anteriores, se recurre a alimentos infantiles envasados, monitoreando de cerca la tolerancia y respuesta del bebé.
La rigurosidad en la alimentación responde a una amenaza silenciosa que cobra fuerza tras la tragedia: el deterioro nutricional de la población. Para evitarlo, la experta recomienda incluir alimentos fortificados en las donaciones, pues la desnutrición no solo se manifiesta físicamente, sino también de forma “invisible” a través de la deficiencia de nutrientes vitales.
Agua y saneamiento: Más allá de la botella mineral
Para lograr todo esto, el acceso a agua segura y el saneamiento son indispensables. «La ayuda con el agua siempre será necesaria», enfatiza Raffalli. La experta explica que el requerimiento abarca varios niveles: desde el consumo vital para beber y cocinar, hasta el aseo personal, la limpieza de los refugios y la salubridad de las casas que quedaron en pie.
Las donaciones no pueden limitarse únicamente a botellas de agua mineral, en esta etapa es prioritario enviar insumos que permitan a las familias recolectar agua y mantener espacios limpios. Esto incluye tobos para transportar agua, poncheras y artículos de desinfección (escobas, coletos, alcohol), además de utensilios de cocina y vajilla infantil.
Kits adaptados a cada necesidad
Una vez cubiertas las necesidades básicas de agua y limpieza del entorno, la prioridad se traslada al bienestar cotidiano de la vivienda. Es aquí donde entran los kits de ayuda general. Diseñados para devolverle la dignidad a los damnificados.
Kits de recuperación temprana: Están dirigidos a las familias que todavía pueden habitar sus viviendas, pero cuyos espacios quedaron llenos de escombros o requieren reparaciones menores. Este tipo de apoyo abarca carretillas, bolsas resistentes, lijas, paletas de mezclar, espátulas, sacos de cemento, cal, pintura, palas y equipo de protección como tapabocas, lentes de seguridad y guantes. Raffalli aclara que por lo general no se dona el paquete entero. Pero, la donación individual de cualquiera de estos insumos permite a las organizaciones ensamblar los kits completos.
Kits de salud: Lo ideal es que estos insumos se entreguen directamente al personal médico desplegado en la zona. Sin embargo, cuando esto no es posible, las donaciones pueden enfocarse en medicamentos básicos de venta libre y productos de cuidado esencial. Entre los más requeridos se encuentran analgésicos, antipiréticos (para controlar la fiebre), antiinflamatorios, lociones para la piel, así como champú y peines para piojos.
Kits de higiene personal: De manera general, estos paquetes deben garantizar el aseo básico. Entre los insumos prioritarios destacan jabón corporal, champú, desodorante, protector solar, cepillos y pasta de dientes, papel sanitario, toallitas húmedas y toallas de baño. Es imprescindible incorporar pañales adaptados a las distintas necesidades de los afectados, ya sea para niños, adultos mayores o personas con alguna discapacidad o condición especial.
Kits de dignidad para mujeres, niñas y adolescentes: En un contexto particular este grupo enfrenta vulnerabilidades que exigen una atención diferenciada. Para resguardar su salud y su bienestar integral, la ayuda no puede limitarse a la higiene básica. Un kit adecuado para ellas debe incluir toallas sanitarias, analgésicos para los dolores menstruales, ropa interior nueva, peines, ligas para el cabello y artículos de cuidado personal e incluso maquillaje, como un elemento clave para reconstruir la autoestima. Asimismo, es importante acompañar estas entregas con la creación de espacios seguros donde puedan reunirse, conversar y expresar lo que están viviendo.
La logística del apoyo: Insumos y dinero en efectivo
Ante una lista tan amplia de necesidades, la pregunta inevitable para la ciudadanía es cómo canalizar la ayuda de la forma más eficiente: ¿enviar insumos físicos o donar dinero en efectivo? Lejos de ser una decisión excluyente, Raffalli explica que ambas modalidades siguen siendo necesarias, pues cumplen funciones distintas dentro de la logística de recuperación y asistencia.
Donar insumos directamente a las organizaciones es una estrategia sumamente útil, siempre que responda de forma estricta a lo que se requiere en estos momentos. Por su parte, el apoyo monetario ofrece una flexibilidad decisiva: permite adquirir con rapidez lo que se necesita en cada momento y contribuye con la economía local. Además, los aportes en dinero cubren un aspecto crucial que suele invisibilizarse: los gastos operativos de las organizaciones, indispensables para sostener la logística, el transporte y el trabajo de distribución en los refugios.
Además, las transferencias monetarias directas a las familias y personas damnificadas se han consolidado como una herramienta fundamental de apoyo. Este mecanismo no solo les permite adquirir lo que necesitan con inmediatez, sino cubrir gastos que también forman parte del bienestar y la salud mental: desde cortarse el cabello hasta pequeños espacios de desahogo o rutina como comprar cigarrillos o una cerveza. Raffalli recalca que esto es completamente normal «hay un 10% de probabilidad de que parte de ese dinero la gente lo use para otras cosas» Nos recuerda que devolverle a las personas la capacidad de decidir sobre su vida es parte fundamental de su recuperación.
Recomendaciones estratégicas
De cara a las próximas semanas, Susana subraya que la estrategia más efectiva consiste en organizarse en función de las necesidades reales en terreno. En esta tarea, el acceso a la información y el trabajo de los medios de comunicación resultan vitales: su rol no solo abarca difundir el estado de los refugios, indicar a dónde acudir para colaborar o visibilizar a las familias afectadas, sino también actuar como receptores de denuncias frente a irregularidades.
Por último, la especialista Susana Raffalli insiste en que la recuperación temprana debe mirar hacia el futuro con la “normalidad educativa”. Esto implica acompañar desde ya a las escuelas a levantar los censos y listas por cada grado o año escolar. A partir de esa planificación previa es que podrán solicitarse las donaciones para cubrir los útiles indispensables, garantizando que los niños, niñas y adolescentes no pierdan su derecho a la educación en medio de la crisis.
En un panorama donde el impacto del desastre aún se siente con fuerza y el futuro luce incierto, la ayuda no puede ser sin intención. Para Raffalli, el camino hacia la recuperación empieza por reconocer la diversidad del dolor y de las distintas realidades que existen, «entender las necesidades diferenciadas es fundamental», enfatiza. Sostener la ayuda con conciencia social, garantizando que todos tengan las mismas oportunidades para ponerse en pie, no es solo un acto de solidaridad, sino parte crucial del rompecabezas que implica reconstruir el país.
(Sofía Tori / PASANTE ULA MUJER / Fotos: Mujer Berraca)
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